
La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de la vida cotidiana y despierta tanta curiosidad como inquietud, especialmente entre madres y padres que buscan acompañar a sus hijos en el uso de la tecnología. La pregunta no es si deben usarla, sino cómo hacerlo de manera segura, creativa y responsable.
“El interés natural de los estudiantes por la IA abre una puerta única. En lugar de prohibir o limitarla, podemos utilizarla para potenciar sus habilidades, fortalecer conocimientos y, sobre todo, hacer que estudiar en casa sea una experiencia más interactiva y divertida”, explica Laura Rosingana, licenciada en Educación, psicóloga social y vicedirectora de Nivel Primario en Nueva Escuela Argentina 2000.
Según la especialista, la clave está en el acompañamiento adulto: no se trata de dejar a los chicos frente a una pantalla, sino de guiarlos, ayudarlos a formular buenas preguntas y reflexionar sobre el uso responsable de las herramientas digitales. “Cuando los adultos nos posicionamos como facilitadores y no como controladores, el aprendizaje se enriquece y también se fortalece el vínculo familiar”, agrega Rosingana.
1. Conversar con personajes históricos
La historia puede volverse mucho más atractiva si deja de ser una lista de fechas y se convierte en un diálogo. La IA permite simular conversaciones con figuras como San Martín, Manuel Belgrano o Juana Azurduy, para que los chicos puedan preguntarles sobre sus decisiones, emociones y anécdotas. Este ejercicio estimula la empatía y el pensamiento crítico, conectándolos de una forma más viva con el pasado.
2. Juegos educativos personalizados
Convertir las materias que más cuestan en un juego puede cambiar completamente la experiencia de aprendizaje. La IA puede crear sopas de letras, crucigramas o trivias sobre temas específicos, adaptadas a cada edad o nivel escolar. Así, los chicos aprenden mientras juegan, sin la presión de una tarea tradicional.
3. Viajes virtuales a lugares de estudio
Con ayuda de la IA, se pueden recrear paisajes, sonidos y relatos para “viajar” a lugares que están estudiando: desde la selva amazónica hasta el antiguo Egipto. Esta herramienta estimula la imaginación y ayuda a comprender los contenidos desde la experiencia sensorial y emocional.
4. Juego de roles para reforzar conocimientos
Una manera original de evaluar lo aprendido es “jugar a ser maestra o maestro”. Con apoyo de la IA, los chicos pueden crear pequeños tests, simular una clase o mantener una conversación con un “compañero virtual” que les hace preguntas sobre el tema. Esto favorece la autoexpresión y la organización de ideas, claves para el aprendizaje autónomo.
“Como toda herramienta, la IA necesita acompañamiento y diálogo. Lo importante es enseñarles a usarla con criterio, creatividad y responsabilidad. Si logramos eso, no solo estarán aprendiendo sobre tecnología, sino también sobre pensamiento crítico y convivencia digital”, concluye Laura Rosingana.




