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    Qué alimentos conviene evitar en verano: consejos de una experta para una dieta saludable

    Con las altas temperaturas, el cuerpo cambia sus necesidades. El calor modifica el apetito, enlentece la digestión y aumenta la demanda de líquidos. Por eso, lo que en invierno resulta reconfortante, en verano puede generar pesadez, malestar digestivo o incluso deshidratación. La alimentación cumple un rol clave para sentirse liviano, con energía y bien hidratado durante los meses de calor.

    La Dra. Ana Cascú, médica especialista en nutrición, explica que “en verano el organismo necesita comidas más simples, frescas y fáciles de digerir. Si insistimos con platos pesados o muy procesados, es común sentir cansancio, acidez o falta de ganas de comer”.

    Snacks salados, fiambres, embutidos y comidas listas para consumir suelen tener alto contenido de sodio y grasas. Según la especialista, “este tipo de productos favorece la retención de líquidos y aumenta la sed, pero no hidrata. Además, su digestión es más lenta y genera sensación de pesadez”.

    En lugar de sumar practicidad con ultraprocesados, Cascú sugiere priorizar alimentos frescos, frutas, verduras y preparaciones caseras simples.

    Las altas temperaturas enlentecen el vaciamiento gástrico. Por eso, las frituras y las comidas muy grasas suelen caer mal en verano. “Este tipo de platos puede provocar acidez, malestar digestivo y mucho cansancio”, señala la nutricionista.

    La recomendación es optar por cocciones más livianas como horno, plancha o vapor, que resultan más fáciles de digerir y acompañan mejor al clima.

    Gaseosas, jugos industriales y bebidas energéticas aportan grandes cantidades de azúcar y no hidratan de verdad. “Generan picos de glucemia y no reemplazan al agua”, aclara Cascú.

    Con respecto al alcohol, la experta advierte que “aumenta el riesgo de deshidratación, sobre todo si se consume bajo el sol o en grandes cantidades”. Si se elige tomar algo, lo ideal es hacerlo con moderación y acompañar siempre con mucha agua.

    El sodio en exceso, sumado a la pérdida de líquidos por transpiración, puede favorecer edemas, cansancio y subas de presión en personas predispuestas. “Reducir el agregado de sal y evitar productos muy salados ayuda a mantener un mejor equilibrio hídrico”, explica la médica.

    En verano aumentan los riesgos de intoxicaciones alimentarias. Preparaciones con huevo crudo, mayonesa casera, cremas o carnes mal refrigeradas requieren especial cuidado. “Mantener la cadena de frío y consumir alimentos frescos es fundamental para evitar infecciones”, subraya Cascú.

    En los meses de calor, conviene evitar comidas pesadas, muy grasas, ultraprocesadas y con exceso de azúcar o sal. Priorizar alimentos frescos, livianos y ricos en agua no solo mejora la digestión, sino que también ayuda a sentirse con más energía y mejor hidratados durante todo el día.

    • Frutas y verduras frescas: sandía, melón, frutillas, duraznos, pepino, tomate y hojas verdes aportan agua, vitaminas y frescura.
       
    • Proteínas livianas: pollo, pescado, huevo y legumbres en preparaciones simples.
       
    • Lácteos bajos en grasa: yogur, ricota y quesos frescos.
       
    • Cocciones suaves: horno, plancha, vapor o crudo (cuando el alimento lo permite).
       
    • Agua como bebida principal: también podés sumar infusiones frías sin azúcar y agua saborizada con frutas naturales.
       
    • Comidas frías o templadas: ensaladas completas, wraps, bowls y platos que no requieran recalentarse.
       

    Experta consultada: Dra. Ana Cascú, médica especialista en nutrición.

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