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    Día Mundial del Agua: por qué es clave cuidar este recurso y qué podemos hacer desde casa, según especialistas de la UBA

    El agua es indispensable para la vida, pero su disponibilidad está cada vez más comprometida. Según la Organización de las Naciones Unidas, una de cada cuatro personas en el mundo no tiene acceso a agua potable segura. Y si no se modifican los hábitos actuales, la demanda global podría aumentar un 50% en las próximas décadas.

    En este contexto, el desafío no es solo ambiental, sino también social y económico. El agua sostiene la producción de alimentos, regula ecosistemas y es clave para la salud de las poblaciones. En Argentina, con la reciente modificación de la Ley de Glaciares el tema volvió con fuerza al debate público.

    A nivel global, la agricultura es la actividad que más agua consume (alrededor del 70%), seguida por la industria (22%) y el uso doméstico (8%). Sin embargo, el crecimiento de la población y la intensificación de las actividades productivas están generando una presión cada vez mayor sobre este recurso.

    “Los efectos de la escasez y la contaminación del agua ya se observan en diferentes partes del mundo, afectando especialmente a las poblaciones más vulnerables”, explica Martha Bargiela, directora de la Licenciatura en Ciencias Ambientales de la Facultad de Agronomía de la UBA.

    Además, advierte que la crisis no se manifiesta de la misma manera en todos los territorios: “Hay regiones que requieren respuestas urgentes, tanto por el cambio climático como por la gestión ineficiente del recurso”.

    La calidad del agua es otro de los grandes desafíos. La presencia de contaminantes puede afectar tanto la salud humana como los ecosistemas.

    “El vertido de efluentes mal tratados, ya sean industriales, agropecuarios o domiciliarios, impacta directamente en la calidad del agua que llega a la población”, señala Alejo Pérez Carrera, decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA.

    Este deterioro también tiene consecuencias ambientales: desde procesos como la eutrofización hasta la mortandad de peces y otras especies que habitan en ambientes acuáticos.

    Entre los principales contaminantes se encuentran:

    • Bacterias, virus y parásitos
    • Fertilizantes y pesticidas
    • Fármacos y desechos industriales
    • Nitratos y fosfatos
    • Plásticos y metales pesados
    • Desechos fecales y sustancias radiactivas

    Uno de los contaminantes naturales más extendidos a nivel global es el arsénico. En Argentina, su presencia está especialmente asociada a la llanura chaco-pampeana, donde se encuentra en aguas subterráneas debido a características geológicas vinculadas a la actividad volcánica de la cordillera de los Andes.

    También los nitratos y nitritos —provenientes de fertilizantes, actividad industrial o contaminación de napas— pueden representar un riesgo para la salud, dependiendo de su concentración.

    Aunque el problema es global, los pequeños hábitos diarios también hacen la diferencia. Reducir el consumo, evitar el derroche y ser conscientes del uso del agua son acciones clave.

    Algunas formas simples de contribuir:

    • Cerrar la canilla mientras te cepillás los dientes
    • Reducir el tiempo de ducha
    • Reutilizar agua para riego o limpieza
    • Evitar tirar residuos o productos químicos por desagües
    • Elegir productos más sustentables

    Cuidar el agua no es solo una cuestión ambiental, sino también de salud y equidad. El acceso a agua segura sigue siendo una deuda pendiente en muchas partes del mundo.

    En este Día Mundial del Agua, la invitación es a repensar la relación con este recurso esencial. Porque garantizar su disponibilidad y calidad no solo depende de políticas globales, sino también de decisiones cotidianas que, sumadas, pueden generar un cambio real.

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