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    Del body checking al body listening: la práctica simple que reduce la ansiedad y mejora tu relación con el cuerpo

    Todas, en mayor o menor medida, sabemos lo que es mirarnos “de reojo”: ajustar la postura para una foto, chequear si una prenda queda igual que antes, pellizcarnos para “medir” si algo cambió.

    A veces es un gesto sutil; otras, un pensamiento que aparece sin que lo llamemos. Ese mecanismo automático tiene nombre y, según explica Andrea Ritzer, mentora de bienestar femenino, es más común de lo que creemos: “El problema no es mirarnos, sino cómo esa mirada condiciona nuestra energía, nuestra seguridad y nuestra libertad cotidiana”, señala.

    Ritzer propone una idea simple pero transformadora: dejar de controlarnos para empezar a escucharnos. Un pasaje del body checking al body listening que cambia por completo la forma en que habitamos el cuerpo.

    El body checking es la necesidad compulsiva de controlar la apariencia. Incluye comportamientos como:

    • pesarse constantemente,
       
    • mirarse en todos los espejos,
       
    • revisar brazos, piernas o celulitis,
       
    • comparar fotos o medidas,
       
    • buscar validación externa.

    Según Ritzer, esta vigilancia continua no es inocente: “Parece algo chiquito, pero alimenta ansiedad, desconexión y una sensación permanente de insuficiencia”. Es una forma de control que termina controlándonos.

    El body listening, en cambio, es escuchar las señales del cuerpo como información para vivir mejor, no para juzgarnos. Es preguntarnos:

    • ¿Cómo está mi energía hoy?
       
    • ¿Necesito fuerza, descanso o movimiento suave?
       
    • ¿Qué me dice mi respiración?
       
    • ¿Qué tensión aparece cuando estoy estresada?
       
    • ¿Qué sensaciones me traen claridad o deseo?

    “El objetivo no es estar siempre bien, sino entendernos para acompañarnos mejor”, explica Ritzer. El cambio es profundo: pasamos de controlar al cuerpo a habitar el cuerpo.

    1. Te mirás pero no te registrás

    Prestás atención a cada detalle externo, pero ignorás señales internas como cansancio, hambre real o tensión en el cuello.

    2. Te hablás desde la exigencia

    Aparecen frases como “ponete las pilas” o “te ves hinchada”. Para Ritzer, “ese rum rum interno es más duro que cualquier comentario externo”.

    3. Tomás decisiones desde la culpa

    Comés, entrenás o descansás por obligación y no desde una necesidad real.

    Estas señales no juzgan; simplemente avisan. Indican que el cuerpo pide ser escuchado.

    Según Ritzer, no requieren tiempo, sino presencia. Son herramientas simples, concretas y usables en cualquier momento del día:

    1. La pausa de 10 segundos

    • Frenar y sentir:
    • cómo está tu respiración,
    • dónde aparece la tensión,
    • si necesitás soltar los hombros.
    • Son solo diez segundos, pero ayudan a bajar el nivel de alerta del sistema completo.

    2. El check-in de energía

    • Antes de decidir si entrenar, comer o descansar, preguntate:
    • ¿Qué me suma energía y qué me la quita ahora?
    • Responder con honestidad evita la sobreexigencia y también la inercia.

    3. La mirada amable al espejo

    • No es recitar frases positivas.
    • Es registrar al cuerpo como compañero.
    • Una frase posible:
    • “Gracias por sostenerme hoy”.

    El body listening no es una moda ni un método complejo: es volver a leer señales que siempre estuvieron ahí. Los resultados suelen ser simples y concretos: más claridad, menos ansiedad, mejor descanso, menos culpa y una relación más suave con una misma. No porque el cuerpo cambie, sino porque cambia la forma de mirarlo. Ritzer lo resume así: “Escucharte no te promete perfección; te promete conexión”.

    Cuando una mujer se escucha, incluso en los días difíciles, algo se vuelve más propio, más verdadero y más libre. Tal vez no se trata de dejar de controlarnos, sino de aprender a mirarnos de una manera que nos devuelva a nosotras mismas.

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