

El entrenador de Defensa y Justicia, Mariano Soso, estalló. Si bien luego del partido que Central Córdoba terminó empatando por un penal de una carga subjetiva notable -no lo vio el árbitro, pero si desde el VAR y la imagen probatoria no garantiza la supuesta falta- se ocupó que los jugadores y colaboradores del cuerpo técnico no increparan a los árbitros en cancha. Sin embargo fue registrado en camarines con una filípica notable: les tradujo su frustración y acaso la de los hinchas, aunque sin agresiones verbales.
“Estás empañando el fútbol”, “¿Cómo podés dormir?”, “No me sostengas la mirada porque no la podés sostener. Estás moralmente quebrado”, fueron algunas de las palabras de Soso dirigidas al árbitro principal, Bryan Ferreyra, esgrimidas con vehemencia y la calentura de un fallo arbitral probablemente injusto, que le costó la victoria que su equipo construía.
El episodio puede encuadrarse en distintos niveles de gravedad y derivar en sanciones muy diferentes. La punta de ovillo no son las imagenes viralizadas, sino lo que Ferreyra indique en su informe: no es lo mismo si asegura que se sintió amedrentado por el entrenador, a que sufrió la mera desaprobación verbal. De acuerdo al informe el Tribunal -luego de visualizar las pruebas y escuchar el descargo de las partes- determinará la sanción.
Si el Tribunal entiende que el comportamiento del técnico superó el límite de una mera protesta y se trató de una conducta antideportiva hacia un oficial del partido, Soso podría quedarse fuera del banco sin posibilidad de pagar una multa para dar vuelta de página.
¡ATENCIÓN! Mariano Soso explotó tras el final del partido contra el árbitro antes de ingresar al vestuario por un polémico penal para Central Córdoba. pic.twitter.com/iMmKABy94w
— SportsCenter (@SC_ESPN) March 12, 2026
La primera posibilidad es que el Tribunal interprete los gritos de Soso como una simple desaprobación hacia los árbitros. En este caso, el hecho podría encuadrarse dentro de una manifestación de disconformidad verbal, sin que exista una intención intimidatoria ni un exceso particularmente grave. En ese marco, la sanción mínima prevista es un partido de suspensión.
Los entrenadores tienen un régimen particular: si la pena no supera esa fecha o su equivalente en siete días, el sancionado puede reemplazarla por una multa económica equivalente a la suma de 21 entrada generales y queda habilitado inmediatamente.
Si el informe habla de conducta antideportiva -y el Tribunal lo confirma-, la cosa cambia: el reglamento establece una sanción mínima de cuatro partidos de suspensión, sin posibilidad de conmutar el castigo con el pago de la multa.
Así, el DT queda inhabilitado para ingresar al vestuario, al túnel o al área técnica, además de no poder comunicarse con su equipo durante los partidos mientras dure la pena.
Si bien el reglamento contempla con claridad buena cantidad de escenarios, para algunos la interpretación es clave. Cuando entra en juego la subjetividad, una escena puede cambiar drásticamente. Si los gritos o la increpación de Soso son interpretados por Ferreyra como un acto de intimidación hacia los árbitros, el Código Disciplinario eleva significativamente el castigo: 10 fechas sin multa que valga.
Si al dirigirse al árbitro, Soso hubiese esgrimido una amenaza -aunque figurativa pero contudente como “te voy a matar” o similares-, probablemente podría ser castigado con la más severa de las condenas que establece el código.
Sin embargo, lo que diga el informe del árbitro puede determinar la lectura del Tribunal, que también tiene otras herramientas para hacer un encuadre distinto: puede graduar la pena considerando distintos factores. Puede haber atenuantes si se evalúa el historial disciplinario del protagonista y su conducta previa, o agravantes si aparece la reincidencia o los antecedentes de inconducta deportiva.
El informe del árbitro, está dicho, será crucial, pero el descargo de Soso también. Dada la inteligencia del entrenador, que entre gritos y con la sensación de haber sido perjudicado no amedrentó a nadie, podrá minimizar el impacto de los 22 segundos en los que se lo ve exponiendo sus sensaciones a Ferreyra, que le dio un penal al rival, sin explicar cual fue la supuesta infracción.



