
Cuando el calor sube, el maquillaje no tiene por qué rendirse. Este verano, la belleza se corre de los looks cargados y apuesta por una piel fresca, luminosa y natural, que acompañe el ritmo urbano sin derretirse al primer rayo de sol. La consigna es clara: menos producto, mejores texturas y un glow bien pensado.
El maquillaje efecto sol marca el pulso de la temporada. Piel pareja, tonos cálidos y un brillo sutil que parece propio: nada de capas pesadas ni acabados acartonados. El glow sigue, pero más relajado y estratégico, aplicado solo donde suma dimensión y frescura.
- Bronzer, rubor y punto justo:
El bronzer se convierte en el gran aliado para dar calidez sin sobrecargar. Un toque en pómulos, sienes y contornos alcanza para lograr ese efecto buena cara instantáneo. Los rubores viran hacia tonos durazno, terracota y anaranjados, ideales para acompañar el bronceado natural del verano.
En los ojos, la regla es simplificar: sombras tierra, doradas o bronce y una buena máscara de pestañas. Nada más.
- Labios frescos y con brillo:
El cierre perfecto llega con labios jugosos, hidratados y con un leve toque de color. Glosses y bálsamos con pigmento suman frescura y equilibran todo el look sin esfuerzo.
- Texturas livianas que sí funcionan:
Para que el maquillaje sobreviva al calor, las fórmulas importan. Los productos líquidos o en crema se funden mejor con la piel y evitan el efecto pesado. Las bases ultra cubritivas y el exceso de polvo quedan fuera de juego. Un fijador liviano puede ayudar, siempre respetando la idea de naturalidad.
En verano, el cuidado de la piel no va después del maquillaje: va antes. Con niveles de radiación UV altos incluso en la ciudad, el protector solar se vuelve un paso imprescindible de la rutina diaria, más allá de la playa o la pileta.
Se usa todos los días, incluso cuando está nublado o pasamos la mayor parte del tiempo en interiores. La recomendación es elegir un SPF alto (idealmente 50) y aplicarlo como último paso del skincare, antes del maquillaje. Para que no arruine el acabado, la clave está en la textura: fórmulas livianas, de rápida absorción y acordes a cada tipo de piel.
También es importante respetar los tiempos: aplicar el protector con anticipación y dejar que se asiente bien antes de sumar base, corrector o rubor. Y sí, hay que reaplicarlo a lo largo del día, incluso sobre el maquillaje, con sprays, brumas o polvos con filtro que ayudan a mantener la protección sin perder frescura.




