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    Paula Tomassoni: “Tengo una gran confianza en la mujer como género” 

    – ¿Qué podrías decirnos del espíritu del personaje principal, Maine, que tiene que reinventarse, redescubrir su deseo? 

    – A lo largo de la novela Maine hace un recorrido, crece. Esa reinvención tiene que ver también con permitirse a sí misma descubrir quién es. Tarda en dejar de lado la mirada de Ricardo, en tratar de saber si él hubiera o no aprobado sus decisiones. De algún modo es él quien sigue diciendo cómo deben ser las cosas, aunque ya esté muerto. Creo que existe todavía, a pesar de las conquistas feministas que han sido muchas y muy importantes, una mirada patriarcal predominante en muchas estructuras familiares. Torcer ese mandato es, para Maine, parte de su crecimiento. El personaje, antes ocupado enteramente en hacer que funcione el mundo en el interior de ese departamento, se encuentra con que puede hacer otras cosas, desear a otros hombres, tomar riesgos. Vivir, en suma. 

    – ¿Creés que hay una diferencia fundamental en el planteo de la vida de los hombres y las mujeres en tu novela? 

    – Creo que la novela pone de manifiesto una confianza, tal vez personal, tal vez compartida, en la mujer. No fue a propósito, pero tampoco casual. Se apilan los relatos, los testimonios, de mujeres afrontando los tiempos de crisis, dando a comer a barrios enteros con lo que tienen a mano, criando, cuidando, resolviendo. Madres haciendo magia para que lo poco que hay se multiplique. Amigas tejiendo redes infranqueables. Si mirás nuestra historia: las Madres, contra viento y marea; las Abuelas, poquito a poco reconfigurando el mapa de nuestra identidad social. Mujeres, únicas y colectivas. Al empezar a escribir no sabía que iba a contar esto. Tenía al personaje, como dije, y empecé a conocerla, a seguir su recorrido, a verla en movimiento. No fue a propósito, insisto, pero tampoco casual. Tengo una gran confianza en la mujer como género. 

    – Tenés experiencia en docencia universitaria y secundaria: ¿por qué dirías que hay que incentivar a nuestras adolescencias a leer? 

    – Doy clases a jóvenes en el nivel secundario y en la universidad. La literatura me sigue pareciendo pura potencia, puro estallido. Es mi enorme deseo que las y los chicos atraviesen esa experiencia. Es hermoso verlos enojarse, reírse, conmoverse, hacerse preguntas. Probar el lenguaje, discutirlo. Hoy leíamos juntas/os, en una clase, el prólogo que hace Cervantes al Quijote. Me gusta pensarlo junto al que escribe Arlt para Los lanzallamas. Nos detuvimos en un adjetivo: “avellanado”. Pensamos en una avellana. Acordamos estar atentos, para la próxima clase, a ver cuántas cosas “avellanadas” nos encontrábamos en estos días. Quiero que el lenguaje en toda su potencia las/os atraviese. Porque las palabras están ahí, con su sentido, con su sintaxis, con su música. Tan a mano. A través del lenguaje pensamos, somos, decimos y nos decimos. Quiero que esa experiencia rompa los límites de lo habitual, se abra, descubra un mundo, lo construya. Que la literatura suceda, les suceda. No pasa siempre, pero cuando pasa es una bomba, porque las pibas y los pibes saben ir más allá, saben tan hermosamente ir más allá. 

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