

El ciclo de Lionel Scaloni al frente de la Selección Argentina , iniciado hace casi ocho años, quedará en la historia porque pudo contra todo. El primer paso fue cortar con una sequía de 28 años sin títulos, el día que Lionel Messi se lanzó de rodillas al césped del Maracaná porque creyó que había alcanzado la gloria. Y lo que siguió será inigualable: la Finalissima copando Wembley, la tercera estrella en Qatar, el bicampeonato de América y este orgullo reciente de ver un equipo protagonista y heroico en el Mundial 2026.
Durante todo ese recorrido pareció capaz de superar cualquier obstáculo. Pero el equipo que pudo contra todo, no puede hacer nada contra lo inevitable: el paso del tiempo.
Con el dolor por la derrota en la final de Nueva Jersey todavía fresco, a la Scaloneta le surgió un rival todavía más complicado que la España de Luis de la Fuente. El primero en advertirlo fue el propio Scaloni. Quebrado por la emoción, rompió en llanto durante la conferencia de prensa posterior a la final y dejó en duda su continuidad a partir de diciembre, cuando se termina su contrato con la AFA, aunque la dirigencia confía en que seguirá en su cargo.
La necesidad de iniciar una renovación la expresaron también los jugadores, tanto los que están apurados por el DNI como los que sienten que ya no tienen la nafta suficiente para cumplir con la exigencia que les demanda jugar en la Selección.
De los 26 futbolistas que viajaron a Norteamérica, siete superan los 30 años de edad, con los casos más representativos de los capitanes Lionel Messi y Nicolás Otamendi, con 39 y 38 respectivamente. Mientras el futuro de Leo sigue siendo una incógnita, Ota ya anunció su decisión.
“Me despido con la tranquilidad de haberlo dejado todo”, escribió el ex Benfica, con el chip puesto en el último capítulo de su carrera, dedicado a River. En su extensa carta también le habló al futuro de la Selección: “Levanten la cabeza, sigan luchando y no permitan que una derrota les robe la ilusión. El próximo capítulo de nuestra historia será de ustedes”.
Por personalidad y liderazgo, el indicado para tomar esa posta parecía ser Emiliano Martínez, pero el arquero quedó tan golpeado tras el gol de Ferran Torres, que dejó abierta la chance del adiós. Habló de un tiempo para reflexionar para decidir “si es momento de dar un paso al costado”. El marplatense cumplirá 34 años dentro de un mes, pero ocupa un puesto en el que pesa más la experiencia que lo físico. En su caso, el desgaste parece ser más emocional que futbolístico.
El último referente de la Scaloneta que habló del tema es Leandro Paredes, quien acaba de cumplir 32 años pero que ya dio señales de cómo piensa cuando el año pasado decidió dejar Europa para volver a ser jugador de Boca. “No sé si estoy para seguir; hay que digerir lo que pasó y procesarlo”, lanzó en la Bombonera, cuatro días después de jugar la final del Mundial.
La renovación no involucra solamente a los históricos. Gerónimo Rulli (34 años), Nicolás Tagliafico (33), Rodrigo De Paul (32), Giovani Lo Celso (30), Gonzalo Montiel (29) y Marcos Senesi (29) también estarán obligados a evaluar cómo continúa su recorrido de cara al próximo ciclo mundialista. Detrás aparecen futbolistas como Lautaro Martínez, Cuti Romero y Lisandro Martínez, que llegarían al Mundial 2030 con 32 años, todavía en plenitud competitiva.
Tanto el DT como los jugadores evaluarán cómo seguir, pero gestionar la juventud del equipo será un factor fundamental a futuro. Por caso, la diferencia con España quedó expuesta durante buena parte de la final pero también aparece reflejada en los números. Con 30 años y 101 días de promedio, el once titular de Argentina fue el segundo más veterano en una final de Mundial, sólo superado por Brasil ante Checoslovaquia, en 1962. Aquel fue el último bicampeón; este no pudo igualarlo.
La gran obra de Scaloni ya está hecha. Ahora al entrenador le espera un desafío todavía más grande: darle vida a una Scaloneta 2.0 capaz de reinventarse sin perder la identidad que la convirtió en una de las mejores selecciones de la historia.



