
– El diseño del libro es un capítulo aparte —su formato reversible, el estuche, la tipografía— parece funcionar como una extensión del relato. ¿Cómo se desarrolló la concreción en el formato definitivo y qué te interesaba transmitir con esa estructura física y simbólica del objeto-libro?
-El diseño del libro, con su formato reversible, el estuche y las tipografías, fue el resultado de un proceso largo y muy reflexivo. Surgió después de haber realizado dos maquetas iniciales que envié a varios concursos. La primera consistía en dos libros dentro de un estuche, y aunque llegó a ser finalista, no ganó, en parte porque el jurado comentó que su producción sería demasiado costosa. En la segunda maqueta decidí eliminar el estuche y unir ambos libros en uno solo. También quedó finalista, pero sobre todo me permitió descubrir algo esencial: al unir las dos historias en un solo cuerpo estaba, simbólicamente, uniendo a mis abuelos en un mismo ser. Esa decisión tenía mucho sentido, ya que vivieron prácticamente toda la vida juntos, desde la adolescencia hasta la muerte de mi abuela en 2017. Me interesaba confrontarlos y, al mismo tiempo, hacerlos dialogar, como dos caras de una misma moneda, como el yin y el yang. El formato reversible permite dos maneras de entrar en la historia de esta pareja: desde su lado o desde el de ella, y ambos caminos se encuentran en el centro del libro, justo donde aparece la única fotografía de ellos juntos. El diseñador Jaime Narváez tuvo la brillante idea de usar distintas tipografías para cada uno: una sin serifa para él y otra con serifa para ella, una sutileza que sugiere sus personalidades opuestas. Ella, más expresiva, compleja y ornamentada; él, más sobrio y seco, de ahí el “palo seco”. Todo el objeto libro se convierte así en una metáfora de su relación, una unión de contrastes que, al encontrarse, genera equilibrio y sentido.
-Tus abuelos, protagonistas del libro, también fueron autores de muchas de las fotografías. ¿Cómo fue el proceso de selección y que sentimientos te generó descubrirlos como narradores visuales?
-Mi abuelo era un gran aficionado a la fotografía. En su casa siempre había una cámara, y fue él quien tomó muchos de los retratos familiares. Mi abuela, en cambio, no hacía fotos, pero adoraba retratarse y ser fotografiada dondequiera que iba, además de registrar su casa y su entorno cotidiano. Gracias a ambos no solo existen estas imágenes, sino que también se conservaron durante décadas.
Me resulta fascinante descubrirlos como narradores visuales y sentirme unida a ellos a través de la fotografía, especialmente porque en vida no tuvimos una relación fácil ni muy cercana. Al mirar sus imágenes, me conmueve ver la coquetería y vitalidad de mi abuela, y reconocer el ojo sensible de mi abuelo. Ambos, cada uno a su manera, entendían el poder de la imagen como una forma de afirmación y de memoria.
En cuanto a la relación entre la historia de mi familia y la diáspora venezolana o coreana, creo que ninguna historia está aislada. Cada una es el resultado de muchas otras, y todas, de algún modo, están conectadas. En Mr & Mrs esa conexión se hace visible: las migraciones, las distancias, los reencuentros y las pérdidas familiares se entrelazan con las de tantas otras personas que buscan, a través de la memoria, entender su propio lugar en el mundo.




