La separación de una pareja es el punto de partida de “La habitación desconocida”, la obra escrita por Gonzalo Martínez y dirigida por Lautaro Delgado Tymruk que se presenta en el Teatro San Martín. Sin embargo, la propuesta va mucho más allá de la historia íntima de Paula y Horacio: explora las transformaciones de los vínculos, la dificultad de comunicarse, las heridas que dejan los proyectos compartidos cuando se rompen y los desafíos de sostener lo humano en una época marcada por el indivivualismo y el desencuentro. Con una puesta innovadora que combina actuación hiperrealista, proyecciones y recursos holográficos, la obra invita a reflexionar sobre el amor, el desamor y las formas contemporáneas de estar con otros.
Para acercarnos a la génesis de esta propuesta conmovedora y profundamente actual, conversamos con su autor, Gonzalo Martínez, y con su director, Lautaro Delgado Tymruk. En estas entrevistas, ambos comparten las preguntas que dieron origen a la obra, las ideas que atraviesan su universo poético y político, y las decisiones creativas que la convierten en una experiencia teatral que interpela.
Gonzalo Martínez (autor): “Quizás lo amoroso sea un tipo de conversación”
-“La habitación desconocida” aborda una separación, pero
parece hablar también de algo más amplio: la fragilidad de los vínculos
contemporáneos. ¿Cómo nació la obra?
-La obra fue escrita en la pandemia, o sea, en un
ámbito de intimidad profunda, casi de soledad. Quería escribir algo que me
movilizara intensamente, lo hice sin pensar en estrategias dramáticas, buscando
que los personajes confesaran lo indecible, en un ámbito casi de análisis, sin
filtros. Tengo muchas separaciones cerca: la de mis padres, la mía propia, la
de muchos amigos y amigas, tenía mucha escucha sobre el tema, y me sumergí sin
protección, y con todo el compromiso que podía. Una vez que tuve un cuerpo de
texto de cierto volumen, nos juntamos de modo virtual a leerla con Lautaro
Delgado Tymruk y Julieta Vallina, y al ver sus reacciones en las primeras
lecturas nos pareció que valía la pena seguir trabajando el material.
En ese momento fantaseamos con montarla, pero luego
sucedió el fallecimiento de Julieta y no me animé a tocar el material, me
parecía demasiado fuerte, no sé, no podía. Luego Lautaro sabiendo que yo no la
iba a dirigirla me pidió permiso y por supuesto accedí.
-El título remite a un espacio incierto, a aquello que
no conocemos hasta atravesarlo. ¿Qué representa esa “habitación
desconocida” para vos?
-El proyecto de familia en general involucra una casa,
podemos imaginar los ambientes de esa casa, lo que haríamos en cada espacio,
pero en el devenir del proyecto aparecen, quizás, ambientes innecesarios a
priori, no imaginados, para desarrollar actividades que no estaban en esos
planes. Imaginamos cómo vamos a responder a lo amoroso, a lo gratificante, a lo
fraterno, pero ¿sabemos cómo vamos a reaccionar si pasa lo contrario de todo
eso? ¿Quiénes somos si irrumpen las sorpresas, lo que se corre de esas
proyecciones? De eso intenta hablar la obra, de ahí la metáfora del título.

La obra es profundamente emotiva: los recursos de la puesta potencian el texto. – Gentileza Carlos Furman
-Paula y Horacio repiten muchas veces las mismas
palabras, casi como si estuvieran atrapados en un circuito. ¿Qué te interesaba
explorar sobre el lenguaje en una ruptura?
-La obra plantea como hipótesis que en la comunicación
está el cuerpo del problema, y también su posible solución. Los personajes
muchas veces refieren a lo que dijeron o a lo que no pudieron decir, quieren
hablar, aunque no tengan claro para qué, si está bien o mal decir tal o cual
cosa. Están empujados al decir. Y los dos, de modos distintos, en distintos
momentos dicen las mismas cosas, o, mejor dicho, les pasan las mismas cosas. No
hay en la obra un rol, un lugar para cada uno, hay el mismo lugar para los dos:
la relación que pueden tener: que cambia según las circunstancias. La obra
muestra la ruptura, pero hubo otras circunstancias, previas, amorosas, que no
están relatadas, pero alguna vez sucedieron. La relación amorosa en todo caso
está planteada en la obra como un devenir, un fluido, como el del lenguaje.
-En la obra aparece la idea de que el amor puede
terminar incluso después de haber compartido proyectos, hijos y una vida en
común. ¿Qué preguntas te hacías sobre las relaciones de pareja mientras
escribías?
-Creo que el problema que se plantea es ¿cómo sostener
un vínculo cuando el compromiso amoroso que creó una familia se disolvió, o cambió de rostro, y quizás tomó el rostro del dolor o de la frustración, o de
la imposibilidad? ¿Cómo seguir adelante en esa encrucijada? El proyecto
familiar consolidado arroja hijos que están ahí, que no se pueden disolver, ¿qué
se hace con eso? ¿Cómo ejercer lo maternal, lo paternal, cómo crecer o educar
cuando no está la plataforma emocional que le dio posibilidad a ese asunto? Que
lo amoroso termine o no depende de cómo se produzca ese diálogo. Quizás lo
amoroso sea un tipo de conversación.
-El texto habla de la disolución de todo lo
fraterno. ¿Creés que hoy estamos más desconectados emocionalmente que en
otras épocas?
-Creo que estamos más expuestos a la desconexión,
empujados a lo individual, a la autosatisfacción. El menú de la vida parece más
variado, no hay solo un modelo de crecimiento, de desarrollo. Pero creo que
tarde o temprano, con mayor o menos intensidad, el tiempo nos empuja a
contestar ¿quiero o no tener hijos?, sintiendo que es probablemente lo único
que podemos tener de verdad, por lo menos por un tiempo, y que ellos también
nos van a tener a nosotros. Con esto no digo que sea necesario, solo que el
asunto aparece en nuestras vidas. Quizás mi respuesta a esa pregunta es que
estamos más distraídos de lo fraterno que desconectados.

El recurso holográfico que usa el director sorprende al espectador y permite resignificar las distancias de la pareja en escena. – Gentileza Carlos Furman
-La obra evita juzgar a sus personajes: ¿buscaste
construir una mirada empática sobre ambos?
-Más que empatía fue la necesidad de postular que las
dos partes pueden jugar de la misma manera, que no hay, desde mi punto de
vista, determinaciones de género. Los personajes se juzgan entre sí, se
acreditan y se desacreditan del mismo modo. Dicen lo mismo, pueden o podrían
decirlo, y no suena fuera de lugar. Los dos, indistintamente pueden ocupar el
mismo lugar.
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Lautaro Delgado Tymruk (director): “Hablamos del desamor para hablar del amor”
-La obra comienza con la referencia a La llegada del
tren a la estación, una imagen fundacional del cine: ¿por qué elegiste abrir el
espectáculo desde ese lugar?
-Se cuenta que los primeros espectadores que vieron el
film de los hermanos Lumiere se espantaron pensando que el tren los aplastaría.
Me parecía sugestivo empezar la obra de esa manera. Una forma de decirte: en
aquella época la gente se levantaba de sus butacas sobresaltada por una
ilusión. Ahora el tren se te está viniendo encima realmente y no parpadeás.
Hablo de lo que estamos viviendo como humanidad: el peligro de la guerra
nuclear, los desafíos que implican el hiperdesarrollo tecnológico que no va de
la mano del desarrollo espiritual ni en general de políticas que incluyan a un “todos”.
-En el texto de presentación hablás del “homo-desesperus”. ¿Cómo dialoga esa idea con la puesta en escena?
-El homo-desesperus es una invención mía. Es una
invitación al juego de la obra que vamos a desplegar durante una hora frente a
los ojos de los espectadores. Luego del Homo-sapiens sapiens vendría esta
última evolución de la humanidad. Es el hombre desesperado, desanimado y
desencantado de la sociedad. Para mí la obra es una suerte de experimento
escénico que dialoga con el experimento social en el que estamos metidos. Se
dice que antes el sistema necesitaba esclavos luego trabajadores y ahora lo que
necesita son deudores. En esta última versión de lo humano se trata de disolver
todo lo fraterno, que el sujeto alienado sólo piense en él y en nada más que en
él. Que lo único que importe sea salvar su pellejo. Claro que el amor en esta
cuenta queda desplazado. Acorralado.
Lo que ven a lo largo de la obra es la exposición de
dos sujetos que ya no escuchan al otro, que no pueden verlo. Están tan
desbordados de angustia y desesperación que no pueden hacer otra cosa que
reprocharle al otro la culpa de todo. Es por esto que para mí la obra no es
sólo la historia de una pareja que se ha separado luego de construir un
entramado familiar; para mí la obra nos habla no sólo de lo individual sino de
lo social. Por supuesto y por suerte esta planificación sobre los sujetos tiene
sus fisuras y sus fugas. Sino no sería posible el encuentro. La obra es un
intento de derribar esta lógica y poder reencontrar lo cálido y amoroso, aunque
sea en un reflejo fugaz. En la posibilidad de hacer metáfora y poesía sobre lo
ocurrido. En esa posibilidad está la verdadera llave para cambiar de paradigma
y ese cambio tiene que ver con el amor al prójimo, con el bien común, con la
justicia social. Eso es lo que pienso. Además, la obra se inaugura con la voz
de un narrador testigo que intervendrá luego durante toda la obra mediante
carteles que expresará su opinión. Este narrador funciona también como una voz
a veces paranoica y caprichosa, a veces quirúrgica y reveladora.
-La escenografía, la iluminación, la música y los
hologramas construyen una experiencia muy inmersiva. ¿Cómo fue el proceso de
diseñar ese universo visual?
-Fue totalmente apasionante y agotador. Veníamos de
una gira por España con nuestra obra “Seré”, que codirigimos junto con Sofía
Brito. La idea en principio era estrenarla a fin de año, pero los tiempos se
adelantaron y nos propusieron empezar a ensayar a comienzos de marzo. La obra
no está dividida en actos y en escenas. No tiene didascalias. Lo que hice fue
justamente crearlos para poder operar sobre el material. Les pedí a todos que tuvieran
paciencia porque se trataba de un proceso experimental en el cual evidentemente
debía probar si lo que imaginaba funcionaba. Avisé también que seguramente
algunas cosas que pedía podían no estar en la puesta final. Tuve un par de
ensayos previos no oficiales en el Teatro del Pueblo que me permitieron jugar
un poco con otra pantalla que uso para otra obra (“El corazón del mundo”) donde
también uso el efecto Pepper Ghost pero de otra manera. Esta obra es una
evolución para mí de ese efecto con el que ya vengo trabajando. Tuve que
convencer a todos de que la cosa iba a funcionar, pero en el fondo no estaba
tan seguro. Por suerte todo en general funcionó.

Lautaro Delgado Tymruk, director de la obra. – Gentileza del autor
Con Ricardo Sica trabajé en mis tres obras. Ya nos
conocemos. Vimos y analizamos todas las posibilidades. Es un gran compañero de
trabajo, además de amigo. Con Paola Delgado ya había trabajado como actor, pero
siempre me encantó su trabajo tanto en cine como en teatro. Con Federico Castro
quien me ayudó con el diseño visual de las proyecciones descubrí un nuevo socio
creativo. Con mi primo Marco Bailo quien hizo la música jugamos y
experimentamos desde chicos haciendo cortometrajes y canciones. Siempre decimos
que encontrarnos para trabajar es una excusa para seguir jugando. Quiero decir
también que el primer impulso para dirigir este trabajo fue el de Sofía, que
además de actuar en la obra es mi amor y formamos un equipo creativo.

Son destacables las actuaciones de Sofía Brito y Guillermo Angelelli. – Gentileza Carlos Furman
-¿Qué aportaba el recurso holográfico que no podía
resolverse desde una puesta más tradicional?
-El recurso holográfico sobre todo me divierte. Me
permite jugar de otras formas. Creo que es como trabajar con otra dimensión. La
dimensión de lo que imaginamos, proyectamos. Eso que ves está ahí, pero no. Es
la posibilidad de trabajar con presencias, con fantasmas donde los actores son
una especie de médiums. La obra también trabaja sobre lo transparente, lo
traslúcido, lo espejado de los discursos. El adentro y el afuera. Lo externo y
lo interno. Esta espacialidad me permitía trabajarlo y explotar todo lo que
imaginaba.
-¿Qué desafíos supuso dirigir una obra que combina una
intimidad emocional muy fuerte con una reflexión filosófica sobre la época?
-En principio hacerse cargo que la obra no iba a
agradarle a todo el mundo. Hay gente que, aunque no lo creas, sale muy
disgustada y hasta ofendida. Hay otra gente que por lo contrario sale
totalmente conmocionada, emocionada y pudiendo ver no sólo la anécdota sino
tener la conciencia de haber presenciado una experiencia profunda y humana en
el sentido de lo vital y vibrante que es la obra misma. Ese es el mayor desafío
siempre. Creer en lo que decidiste y ser fiel hasta las últimas consecuencias.
Puedo aceptar todo tipo de críticas, pero yo soy mi peor crítico. Si a mí no me
gustara esa sería mi peor pesadilla. Creo que “La habitación desconocida” es
una síntesis de mi proceso creativo y es una búsqueda sincera.
Creo que todos
los que trabajamos en ella sabemos el valor que tiene y nos enorgullece. La
obra tiene una forma de actuación hiperrealista sin embargo alrededor todo es
artificio y juego escénico. Los actores manipulan, arman y desarman el espacio.
Eso permite generar cierta distancia en el espectador que sin embargo vuelve a
caer en la trampa de la ficción. Lo que ven también es la posibilidad de la
reparación o sanación de “un hueso fracturado” por así decirlo, que es la
relación de Paula y Horacio que podrían ser cualquiera de nosotros. Paulas y
Horacios reclamando y reprochando por el amor perdido. Donde la palabra, una
vez más, tiene el poder de lo que hiere, pero también, por suerte, de lo que
cura y salva. Creo que es un teatro
Brechtiano. Didáctico y dialectico lo que no significa que sea infantil ni
panfletario. Hablamos del desamor para hablar del amor.
Alain Badiou dice que
el amor es un azar que se prolonga en el tiempo con una promesa inicial: El “te
amo para siempre”. Por supuesto esa promesa y ese compromiso se reactualizará o
no, pero la valentía para afrontarlo y recorrerlo es una de las experiencias
más hermosas que puede transitar y experimentar un ser humano. El resto es
silencio.
Para agendar: “La habitación desconocida”. De miércoles a domingos a las 19.30 en la Cunill Cabanellas del San Martín. Con la actuación de Sofía Brito y Guillermo Angelelli. Últimas funciones. Entradas ACÁ.
Verónica Dema Editora de Actualidad en OHLALÁ! Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Especialista en Prácticas Redaccionales. Tiene un Máster en Periodismo por LN/Universidad Torcuato Di Tella. Dedicada a temas de géneros, cultura y sociedad.





