Hace unas semanas, durante una visita guiada en el Museo de la Vulva, una mujer levantó la mano y me hizo una pregunta que, probablemente, muchas personas también se hicieron alguna vez: “Si no hay penetración, ¿igual cuenta como sexo?”
Esa pregunta resume muy bien cómo fuimos educadas. Durante años aprendimos que la sexualidad seguía un recorrido casi obligatorio: besos, caricias, penetración, orgasmo y fin. Como si existiera una única forma correcta de vivir el placer.
Otra consulta muy frecuente tiene que ver con el orgasmo: por qué cuesta tanto alcanzarlo y si esa dificultad es normal o indica que hay algo más. Lo primero que intento transmitir es que no existe una receta universal. El estrés, la ansiedad, el cansancio o la carga mental pueden influir muchísimo en nuestra capacidad para conectar con el deseo y el placer. Cuando esa dificultad es persistente o aparece junto con otros síntomas, siempre recomiendo consultar con un ginecólogo o un profesional de la sexología para descartar alguna condición que requiera tratamiento.
Pero cuando esas causas ya fueron evaluadas, vale la pena hacerse otra pregunta: ¿y si el problema no estuviera en nuestro cuerpo, sino en el mapa que aprendimos sobre la sexualidad?
Cada persona tiene su propio mapa
Cuando pensamos en el placer solemos imaginar inmediatamente los genitales. Sin embargo, el órgano sexual más importante es el cerebro. El deseo también se construye con emociones, recuerdos, fantasías, seguridad, confianza y conexión.
Después de escuchar durante años historias y experiencias muy distintas, me gusta hablar del “mapa del placer”. Porque cada persona tiene uno diferente y no existen dos iguales.
La primera pregunta debería ser: ¿conozco realmente mi propio cuerpo? Muchas veces esperamos que la otra persona descubra qué nos gusta, qué ritmo disfrutamos o qué tipo de estimulación necesitamos. Pero ese camino empieza por nosotras.
La masturbación no debería entenderse únicamente como una forma de llegar al orgasmo. También es una herramienta de autoconocimiento que permite descubrir qué tipo de caricias disfrutamos, qué zonas del cuerpo son más sensibles, qué intensidad preferimos e incluso qué pensamientos o fantasías despiertan nuestro deseo.
Es difícil esperar que alguien nos lleve hacia un lugar del placer que todavía no conocemos.
Salir del libreto
Conocer nuestro cuerpo también facilita comunicar con claridad qué nos gusta, qué necesitamos y qué límites queremos poner. Explorar el placer sin apuro puede transformar por completo la experiencia compartida.
Por eso, muchas veces propongo empezar por encuentros que no tengan como objetivo llegar al orgasmo o a la penetración, sino recuperar el disfrute de tocarse, abrazarse, besarse durante más tiempo, hacerse masajes, mirarse con curiosidad o simplemente jugar. Incluso una cena compartida o una conversación íntima pueden convertirse en el inicio de un encuentro profundamente erótico.
También existen herramientas que pueden ayudar a explorar nuevas sensaciones: masajeadores corporales para distintas zonas erógenas, aceites para masajes con ingredientes naturales, velas de masaje elaboradas con cera de soja que se transforman en un aceite tibio al derretirse, potenciadores de la sensibilidad o la masturbación compartida como una forma de conocerse mejor y quitar presión al encuentro sexual.
No reemplazan otras prácticas: simplemente amplían las posibilidades y recuerdan que el placer puede recorrerse de muchas maneras.
Redibujar el mapa
La penetración puede formar parte de ese mapa, por supuesto. Pero deja de ser el único destino posible para convertirse en un camino más.
Cuando dejamos de perseguir una sola meta disminuye la presión por “hacerlo bien”, aparece el juego y vuelve la curiosidad.
Vale la pena preguntarse: ¿qué sensaciones despiertan mi curiosidad? ¿Qué prácticas disfruto realmente? ¿Qué hago porque aprendí que “debería ser así”? ¿Qué partes de mi cuerpo casi nunca exploro? ¿Qué necesitaría para sentirme más segura, presente y libre?
Los mapas se construyen recorriéndolos. El centro de la sexualidad no debería estar puesto en una práctica específica, sino en el placer, el consentimiento, la conexión y la libertad de descubrir qué nos hace bien. Porque la sexualidad más saludable no es la que sigue un libreto, sino la que nos permite dibujar nuestro propio camino.
Agenda para este viernes 17
Charla gratuita: “Hablemos de vaginismo”. Hoy, a las 19, el Museo de la Vulva realizará una charla abierta a cargo de la Lic. Viviana Tobi, psicóloga, sexóloga, somatoterapeuta y autora del libro Vaginismo: cómo superarlo, con más de 50 años de trayectoria profesional. Dónde: Pasaje Santa Rosa 5041, Palermo Soho. Más información: @museodelavulva.
Antonella Ance Anto Ance es cofundadora del Museo de la Vulva. Se dedica a concientizar sobre sexualidad femenina





